Gestión de Cambio (positivo)


Transformación digital, procesos de trabajo, reorganización, sistemas de gestión, dietas a nivel personal, o tomar la decisión de hacer ejercicios etc., son temas comunes que hoy personas y empresas ven como cotidianas.
En el ámbito organizacional, un cambio positivo es cualquier transformación en el diseño o en su funcionamiento, que la afecta o beneficia -a su totalidad o parte de ella-. En este escenario, los líderes comprenden, que el ambiente competitivo y las modificaciones en el entorno de trabajo requieren de transformaciones, avances o mejoras, que de no hacerse limitan o hacen peligrar el cumplimiento de metas y con ellas muchas veces, las fuentes laborales.
El Líder debe reconocer cuándo necesita generar cambios. También debe saber cómo orientar a su organización por el no siembre fácil proceso de transitar por el cambio, independiente de la envergadura de éste, ya que no siempre las modificaciones en la operación deben ser “grandes o relevantes” para que nos veamos afectados por una mala implementación de un proceso de cambio.
En el sentido indicado, gestión de cambio es encargarse de dar propósito y lógica a los procesos de transformación o cambio que se viven en las organizaciones de cara a las personas que las integran. La gestión de cambio considera el factor humano que acompaña de manera importante al liderazgo y los aspectos técnicos en un proceso de transformación, triada que muchas veces es pasada por alto.
Gestionar un cambio positivo, según variados autores, es un tránsito que deben recorrer las personas y por ende la organización, desde un estado inicial -que se pretende mejorar-, a uno ideal o esperado, que promete y ofrece mejores condiciones y posibilidades para todos.
Desde la neurociencia, un cambio positivo requiere dosis apropiadas de estrés, suficientes para movilizar desde el deseo por el cambio y no tanta que impida una apropiada evaluación y análisis de los significados, razones y beneficios del cambio en cuestión.
Algunas condiciones adicionales que deben estar presentes para avanzar en este cambio positivo son:
• Objetivos claramente definidos y alcanzables.
• Evaluación de experiencias pasadas y presentes que pueden afectar nuestras creencias respecto de capacidades y habilidades para el cambio.
• Apropiado nivel de energía, focalizada en la estrategia para el cambio, generando atención.
• Capacidad para vetar, es decir, para detenerse y objetar desde el propio sistema de valores y deseos personales, aquellas prácticas o acciones que se alejen del bienestar, la calidad, la salud o en general, de las metas que se pretendan alcanzar. (piense en un rico pastel que aparece durante una dieta).
• Un sistema que reconozca y fomente los avances o éxitos, en este tránsito a una meta superior.
Y tener consideración a nuestras pautas explicativas, o cómo interpretamos los hechos a partir de estímulos percibidos e interpretados por nuestro cerebro. (piense en un hábito, que es difícil de cambiar, para lo cual muchas buscamos, y encontramos, evidencia para confirmar lo que queremos defender o resistir).
Un proceso de cambio requiere conocer el cambio, hacia dónde vamos y cómo me afecta o beneficia; querer el cambio, identificando las bondades o beneficios para mí y mi entorno; saber hacer las actividades necesarias para cambiar y tener un entorno que favorezca el cambio con prácticas de reconocimiento o consecuencias que favorezcan el nuevo escenario.

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